Calzoncillo en la cabeza

Perez

Sello: In-Correcto

2019

 

En tiempos donde el rock tiene tantos apellidos, adjetivos y apelativos; donde se consolida otra vez una escena en el país (como si alguna vez hubiera desaparecido) surge Perez de entre los corrillos de adolescentes cantándole al amor y a la reverberación. Una propuesta arriesgada y divertida, casi un chiste que se vuelve serio (sobre todo si nos damos a la tarea de analizar sus métricas y organización de alturas) y a la vez una serie de letras punkeras, gritadas o cantadohabladas por cuarentones con gran trayecto en el oficio musical: Santiago Botero, Enrique Mendoza y Mauricio Ramírez. Un power trío influenciado por el jazz, el punk, el rock experimental y con un hálito de proyectos como Don Caballero. 

 

El disco comienza con una introducción, la cual en su tono, contenido y semántica da a entender a qué se enfrentará el escucha en adelante. Luego llama a la pelea, a la guerra y a la protesta con Oro sucio, canción que tiene como coro un recordatorio a los viejos billetes colombianos que, decían, terminaban con la leyenda “pesos oro”. El tema tiene un fuerte riff de hardcore compuesto de dos motivos: uno completamente pegado a la batería; y luego otro haciendo isometría con la voz de los tres integrantes. Un himno en métrica amalgamada. Luego encontramos una breve intromisión, o solo de la guitarra, inspirada en el terreno ruidoso que explora Perez.

 

Che-Cho comienza con un bajo y batería que recuerdan el disco instrumental de los Beastie Boys. A la par, una guitarra con ecos y juegos de reverb hace las veces de dubplate, sobre el riddim que aumenta conforme la tensión crece. Es interesante de este track que no suele terminar en un gran crescendo por acumulación, tan de moda en los proyectos experimentales locales, sino que juega con la tensión, distensión y preparación que generan un discurso sonoro hasta que aparece la voz hacia el final del mismo. Otra vez, la letra aparece entre el chiste y la posición política como seña pertinente a los absolutismos actuales entre la derecha y la semiderecha neutral que habita en este platanal. 

 

Chulo Picho, pareciera ser el sencillo radiable del disco, muy parecido al reciente lanzamiento de la banda prima de Perez (MULA, con El Rey). En este, como en los otros temas del disco, el bajo permanece con un riff constante al cual siempre podrán volver la batería y la guitarra, lo que demuestra que el virtuosismo no es solo tocar muchas notas rápido, sino más bien saber aprovechar las habilidades en el transcurso del discurso sonoro. A la par que Che-Cho, termina con la intervención de la voz gritando “¡Policía!”, lo que recuerda un poco la temática introductoria leída por Fabio Mendoza. 

 

El tema con mayor influencia jazz hardcore del disco es En vos confío, donde notamos que el bajo se abre a otras figuraciones, la guitarra va construyendo una melodía lentamente que luego llama al resto de los instrumentos al groove, otra vez en amalgama rítmica. En este tema se siente la influencia de proyectos como Tortoise y Don Caballero, donde se siente el jazz, el minimalismo y el ruidismo como parte de un discurso más rockero. La forma del tema pareciera casi no planeada, pero evidentemente se logran poner de acuerdo en cuándo cambiar de riffs y cuándo abrir la densidad textural. 

 

El siguiente tema de corte más experimental es Parientes, aquí el sonido de la estática es lo que da inicio al tema, una batería más free hace las veces de objeto sonoro, la guitarra juega con el feedback y swells, y la “tierra”, como se suele llamar a la estática de señal en nuestro medio, siempre está allí para volver. Una pieza reflexiva, casi un guiño a la música ambient, donde se trata de jugar con la posición del escucha: activa, pasiva, sensual, empática, anempática; lo que le da esa dimensión, que algunos han nombrado metafísica, al sonido. Hacia la mitad del track (que dura 10 min 56 s) la guitarra menciona un motivo melódico, el bajo responde de manera contrapuntística, y el redoblante de la batería apoya el primer tiempo o beat cada dos compases, un juego instrumental bello, que a ratos pareciera shoegaze, a ratos jazz, a ratos ruido, a ratos lo que el escucha quiera que sea, pues al fin de cuentas este es el último intérprete. 

 

Para terminar el disco, estos punkeros cuarentones nos dejan una bella canción dedicada, Gripa, que pareciera hacer más bien alusión a una relación de pareja castrante, tal vez reflejo de los años que han vivido o tal vez otro chiste interno que suena bien cuando se grita. 

 

Kalimán. 

 

El sinsonte 

Mc Ari

2019

Independiente

 

El sinsonte es el primer disco que escucho de Mc Ari, un MC que tiene una trayectoria de más de veinte años y que junto a El Arkeólogo (en la producción y beatmaker) me sorprendió hace un par de días. Me gustaría comenzar por explicar que la razón para mi sorpresa es que después de una primera escucha donde mi cuerpo reaccionó automáticamente al beat y mi mente trataba de seguir el hilo conductor de las letras, la segunda reacción fue la de inspiración. Mi oficio de músico se vio en la necesidad de expresar la envidia que le genera no haber hecho en toda su vida un disco así, o por lo menos haber estado cerca. Me inspiró entonces a pensar en crear un disco similar; pero luego la realidad te acoge, te sienta y te dice: “ya lo hicieron, amigo”. 

 

Este disco es un resultado muy prolijo entre las conjunciones y elipsis de las letras de Mc Ari y los beats y producción de El Arkeólogo, el resultado exitoso se podría intuir a leguas y es básicamente que El Arkeólogo es también Gambeta: un letrista legendario. Con estilos completamente diferentes, posiciones incluso religiosas, morales, estéticas y prosaicas distantes, estos dos personajes lograron una creación que se complementa desde sus diferencias y no permitieron que las mismas interfirieran en la creación, lo que le demuestra a muchos músicos que el ego es solo eso: una palabra. 

 

Las citas constantes, a nivel de texto, a frases de la Biblia se convierten en lo que este texto siempre ha significado para muchos: el primer gran relato colaborativo de la humanidad. Si por un instante se abandona que es en teoría el libro guía de los católicos y cristianos, puede ser una fuente narrativa inagotable, ya que parte de la construcción de relatos orales, transcritos a la infinidad de dialectos que se encontraban en proceso de creación, cosa que da pie al error como expresión estética, a pérdidas en la traducción, a cruce hermenéutico y obviamente para su interpretación guiada y aconductamiento, que suele ser la opción más usada en la lectura de la Biblia, pero no necesariamente la mejor o la única. 

 

Además encontramos un contrapunto con el deporte de mayor consumo en la zona: el fútbol. El cual, como sabemos y hemos escuchado por nuestros narradores deportivos, se carga, algunas veces innecesariamente, de adjetivos y adverbios que rayan en lo irritante, pero que en términos fonéticos funcionan muy bien. El trabajo de Mc Ari al construir sus textos ha sido el de un arqueólogo del relato popular oral, que se conecta con las habilidades literarias que posee un buen lector, de aquí que podamos considerar las líricas de estas canciones piezas literarias y poéticas de gran valor. 

 

Los beats por demás, recorren una infinidad de propuestas, superposiciones, variaciones, y trabajo de archivo sonoro, dispuesto en lo que mi amigo Martín Olivos nombra como “la música concreta del futuro”, al referirse a la influencia directa que se nota en el hip hop por parte de esta música de vanguardia surgida en Francia en la década del cuarenta. Muy seguramente otros han visto la relación, pues es evidente que los primeros en trabajar con el material grabado como apuesta sonora dispuesta en un discurso musical fueron los músicos concretos, incluso mucho antes que otra de las grandes influencias de El Arkeólogo en este disco: el dub. Notoriamente, encontramos líneas de bajo que tratan de ubicar el disco en un contexto caribeño, pero obviamente sin recurrir a los clichés de lo que algunos “periodistas musicales” nombran música urbana, fiel a la crítica que estableció con su música rural, El Arkeólogo presenta una colección sonora que recorre todo el caribe a partir de samples, líneas de bajo, riddim, bombo y caja, que nunca se agota y que reacciona constantemente a las frases del texto. Esto genera un dúo instrumental-vocal entre productor y MC. 

 

El sampleo utilizado en este disco ha sido filtrado y depurado para que como en las buenas épocas del hip hop, nunca sepamos o se nos haga muy difícil reconocer de dónde fue tomado el fragmento sonoro. Hay que recordar que el oficio del beatmaker no es repetir hasta el cansancio pianos melancólicos tomados del jazz, sino esconderse en la maraña sonofijada, explorar hasta el cansancio las posibilidades del loop y jugar con el sonido. Este disco es una clase maestra a producciones que usan hasta seis compositores por lanzamiento y terminan presentando la librería básica de fl studio. 

 

Kalimán

Ha$lo Pablito

Es el puto sueño

2018

Independiente

Para los seguidores de la estética contemporánea, la prosaica es una de las fuentes más interesantes de análisis y discusión del discurso contemporáneo, ya que nos permite categorizar afectivamente, sensiblemente y estéticamente todas las manifestaciones individuales presentes en nichos específicos, dándole importancia más al dialecto, la cuadra, el parche, las mutaciones y modificaciones del lenguaje, la música, vestimenta, comida, bebida, hábitos de fiesta, etc, todo desde matrices sensibles que permiten establecer diálogos universales con fenómenos particulares. Este podría ser el caso del disco que se menciona en esta reseña crítica, de hecho es el nicho donde fue clasificado en el próximo Sonar que se realizará en Barcelona: música urbanas del mundo, o trap latino con consciencia. Este disco es otra suerte de “exotismo posmoderno”.

Si analizamos la producción sonora, el disco cumple con todos los parámetros que dispone la industria del trap, su producción digamos es impecable, desde la selección de los samples, disponen el contexto de “lo latino”, hasta el uso de los bajos, autotune exagerado, beats (bombo, caja, hit hat drills) todo esto muy prolijo, muy funcional, y usando tal vez un término de la escena: te hace perrear en la pista de baile. Más allá de eso, no es un disco para disfrutar en otro ámbito, o tal vez sea solo ese su ámbito, su exceso de limpieza no lo hace único, sus fórmulas son las conocidas desde hace tiempo por la industria, su objetivo se logra, pero no dice mucho, hace el ejercicio que muchos productores locales mantienen: acomodar la fórmula para los intereses de esta provincia colonial, no replantear la búsqueda sobre el trap, que a mi modo de ver, todavía tiene mucho que ofrecer, de hecho, si miramos listas del año pasado (y no es que las listas sean un indicador de mucho, pero están allí) el trap y hip hop han logrado evolucionar a un discurso más complejo a nivel no solo de instrumentación, sino de lenguaje y técnica músical, apoyándose en productores de jazz, r&b y pop, es el caso de Saba y No Name, sin olvidar el caso de The Carters a nivel global, en el área de lo local podríamos hablar de Alcolirykoz y su reciente inclusión en su más reciente álbum “Servicios ambulatorios”. El puto sueño se queda corto en ofrecer música propositiva y más bien repite el gesto de otros buscando cautivar y sorprender su “nueva” audiencia. A nivel de la parte vocal, es un disco bastante literal, con líricas y métricas simples, con alusiones constantes al contexto del autor (cosa que nunca va estar mal) pero sin profundidad en relato, casi como los productos masivos de consumo actual: youtube, netflix, instagram, twitter. Su frecuente mención de espacios como el d1, el transmilenio, el tostao, pasan de ser una ligera crítica social de la clase media alta colombiana, a un story de i.g (por usar la prosaica juvenil capitalina).Esto hace que el disco solo tenga resonancia en cierta zona capitalina y por consecuencia habitual de este país centralista y de extremos, hacer creer a otros que es un disco que va cambiar la historia nacional...eso habrá que verlo, pues hasta la fecha no ha pasado por muchos escenarios (grandes o chicos) ha logrado el sueño de tocar en un par de plataformas, showcase, pero el ejercicio de hacer música y entretenimiento requiere de mucha cancha, oficio y práctica, y obvio likes y favs en redes sociales., Pero, eso es una cosa, y otra es la música. La técnica para abordar el rapeo no está mal, hay talento para trabajar, pero para cantar si hay mucho terreno para recorrer, estudiar y descubrir si es lo más apropiado, pues tanto su timbre como sus melodías no son bien ejecutadas y tienen ciertas falencias de afinación, que ni el autotune (como gesto estilístico) puede disimular.

Recomendaría ampliar su rango de escritura, desarrollar sus historias, ya que el terreno de lo prosaico y lo local no siempre están en el ámbito del chiste, puede ser algo interesante, sino preguntense por qué el realismo mágico aún no se ha superado en la literatura; el entretenimiento puede tener ciertos lugares de resonancia estética con el público, y su recordación en la cultura depende de la importancia que se le de a la creación del relato, más que de quien lo escribe, muchas veces la primera persona sobra. Espero que este impulso que le dará el Sonar a Ha$lo Pablito, logre movilizar su propuesta a un segundo álbum más arriesgado y limpio, tal vez ensuciarse un poco ayude.

Kaliman

 

Hermanos Menores

Las ciudades devoran pueblos

2019

Sello: Hermanos Menores

 

Después de un agitado 2018, lleno de conciertos, un par de giras, una de ellas en México, los Hermanos menores decidieron aprovechar dicho viaje al país del chipote chillón, para grabar un disco en sesión, una acto de valentía que pocas bandas (de cualquier género o estilo) se atreve a ejecutar. Es curioso que en una época donde el acceso a las herramientas de grabación es cada vez más fácil y barato, no se recurra tanto a una técnica de grabación que deja lucir ante todo al músico y el ingeniero de grabación, este último, un personaje igual de importante que cualquiera de los músicos que estén en estudio, ya que se encarga de manipular el registro oportuno, estilístico y las múltiples posibilidades tímbricas que permite la captura. 

 

Desde el primer corte el disco demuestra una banda sólida, donde no hay protagonismos exacerbados, los tres integrantes del grupo están perfectamente balanceados, logrando una armonía entre sus habilidades técnicas, su tímbrica, el ritmo, el contrapunto entre todas las texturas logradas a manera de masa y la sublevación de la densidad sonora. Piélago, da título a este primer momento, donde el ostinato basado en cuartas superpuestas con una distorsión en el bajo, genera la introducción para que luego batería se una haciendo un contrapunto rítmico y las guitarra una atmósfera cargada de eco, para luego avanzar desenfrenadamente con un crescendo hacia la primera melodía que es presentada por dicha guitarra, ahora con un poco más de delay, sustain y dándole espacio a cada uno de los instrumentos de responder ante sus finales de frase, el tono de dicha melodía pareciera remitirnos a un enfrentamiento épico, que es terminado por el sonido escindido y un ligero feedback. 

 

Mañoco es un tema con una actitud más punkera, un par de ostinatos entre bajo y guitarra, con pocas notas, la guitarra presenta una melodía entre punkera, surfera, simple que logra recordación, el tema avanza de una primera instancia clásica en el género, pogueable a un momento que provoca lo bailable, el tema termina en su esencia chatarruda y destructiva, retomando el cromatismo en el bajo. 

 

La tola no es la tola pareciera ser una reminiscencia a los aires nacionales que llaman los etnomusicólogos de antaño, cuando se refieren a todo lo andino que esté en tres contra cuatro o cuatro contra tres: pasillo, bambuco y guabina, tal vez una cita al altiplano cundiboyacense, del cual su capital es la ciudad de Bogotá y habitan los hermanos menores o, tal vez simplemente querían tener una balada instrumental. Resalta entre el resto de piezas porque la guitarra pierde el tono distorsionado y busca más en el delay, la limpieza y la progresión de acordes completos, donde se escuchen menos power chords, este tema le da un cierto descanso al espíritu frenético del disco. 

 

Apoteosis del ombligo de la luna, es un tema basada en un compás de amalgama, a partir del cual cada uno de los instrumentos trata de llegar a varios puntos culminantes o climáticos, siempre subiendo más en intensidad sonora, en medio del tema el ritmo es desgranado para darle pie al silencio, casi el único momento de silencio que se tendrá en toda la placa, ahora bien esta pausa no dura mucho e inmediatamente presenta una sección totalmente contrastante tanto en rítmica como en intensión, se llega tal vez al punto más fuerte a nivel dinámico del disco, donde se escuchará mayor abrasión, para luego dejar estallar cada instrumento en detonaciones llenas de reverberación, una suerte de eco que recuerda el primer silencio presentado en la misma pieza, me podría imaginar al trío riendo mientras deciden cuál será el próximo paso, ya que este tema pareciera no tener una lógica narrativa, sino más bien reactiva al instante propiciado por uno u otro de los miembros del grupo, una especie de improvisación dirigida, la que dará paso a la elisión con Un cadáver en la hierba, tema de naturaleza más distensionada, con una melodía un poco más brillante, tendiendo al tono mayor sobre la fricción disonante generada por bajo y batería, una bella combinación entre lo bello y lo siniestro (citando el libro de Eugenio Trías) este es el segunda instante de gran contraste en el disco, que casi nos estuviera preparando para su final, es notorio como hasta el momento se ha logrado mantener una narrativa que permite al oyente habitar diferentes escenas, espacios y situaciones, los cuales pueden ser visitados de manera continua o no lineal. 

 

Cusumbosolo es el tema que da cierre a este disco con nombre y tono apocalíptico, donde el feedback generado por delays en la guitarra abre el espacio que será habitado por el destructor de ciudades o mundos, ese ser que pareciera haber estado en todas las situaciones y que es nombrado como el tema, tal vez una suerte de chiste, ahora bien, esta es una posible interpretación de este escucha, puede estar muy alejada a la realidad. Lo que sí es intencional, es la actitud sonora que tiene este tema para cerrar el disco, la cual se asemeja a el primer corte en su personalidad más épica y abierta, casi el retrato del campo abierto antes de la batalla, música programática sin una intención descriptiva, post rock, noise rock, rock progresivo, todas las chapas que le quieran dar, una buena demostración de lo que una banda pueda llegar a dar en estudio después de tomar forma en los escenarios, un disco que seguro pasará a nuestra historia nacional del rock, un disco que no puede pasar desapercibido, como no pasan desapercibidos sus creadores cuando tocan en vivo, un disco lleno de música viva, actual y contestaría sin una letra escrita y sin necesidad de decir nada.

 

Kaliman 

 

Islas Atlánticas

Andrés Gualdrón, Julián Mayorga

Independiente

2019

 

El término prácticas sonoras, venido de los campos de la sonología, se ha ido abriendo paso dentro del discurso musical. Se refiere a creaciones, o poiesis, que no radican solamente en el uso poético del sonido (música), la organización sonora de una topografía (paisaje sonoro), la acción sonora (performance sonoro o acusmática) o simplemente el sonido que algunos compositores del siglo XX nombraron así, sonido, o como diría Stockhausen: klang

 

Islas Atlánticas es un proyecto que surgió hace ya un tiempo del conjunto de ideas alrededor de la creación sonoro-musical de dos músicos colombianos con gran experticia y discurso: Andrés Gualdrón y Julián Mayorga. En este espacio ya hemos dedicado tiempo a hablar de Mayorga, con Gualdrón aún tenemos la deuda pendiente pues no solamente ha creado los maravillosos Andrés Gualdrón y los Animales Blancos, sino un sin fín de participaciones que ahondan en el terreno alternativo colombiano, la academia y múltiples rizomas de su oficio como percusionista, compositor y crítico musical, lo que le ha permitido ramificar su aporte en el territorio. 

 

Islas Atlánticas podría ser catalogada como una pieza intermedia donde los textos, las ilustraciones y las artes musicales y sonoras crean una obra completa. El orden de interpretación no está sugerido, nada altera su disfrute. Podemos leer en los textos la etnografía escrita por Mayorga y contemplar sus evocadoras ilustraciones mientras se escuchan las piezas sonoro-musicales, realizadas en gran parte con SuperCollider. Pero la dialéctica entre estos medios es dejada al intérprete final: el público. El cual por demás tiene también la libertad de apreciar la obra en varias instancias: formato digital con descarga de Pdf; o dos vinilos con libros impresos, cosidos, dentro de una bella caja que no solo hace las veces de estuche, sino que son dos placas tectónicas que juntan el material, lo que da una oclusión real a la pieza. 

 

El material sonoro tiene una fuerte influencia de la música para percusión de John Cage, Olivier Messiaen y Aphex twin. Su tímbrica es mayormente generada por idiófonos que incluyen las voces con un tratamiento rítmico-armónico, parecido a los que hizo Björk en Medúlla y Holly Herndon en Platform. Es un disco que puede escucharse de manera sensual, profunda, intermedia, y que algunas veces supera el experimento de música por computador generada en live coding, ya que se nota el proceso de edición, composición, producción, error, corrección y otras múltiples variables. Esta propuesta fue generada, además, como parte de una residencia artística, lo que le da un valor mayor. Pocas veces he visto resultados de tan alta calidad, propositivos y con tanta sinergia. 

 

Es encantador que existan proyectos como este, descontextualizados de un territorio, que logren crear nuevos espacios sonoros, y que, además, dejen huella en sus autores. No siento la necesidad de extenderme en el terreno del análisis crítico-estético, prefiero invitarlos a visitar y conocer este universo llamado Islas Atlánticas

 

Kalimán

La banda del bisonte

Memorias

Sello: independiente (la finca estudio)

2018

 

Memorias es el primer álbum de la banda del bisonte, una propuesta de rock alternativo creada en la ciudad de Medellín, jóvenes con una convicción musical fuerte, que han dedicado todos sus esfuerzos por dar a conocer de una manera apropiada su material, dentro de una pequeña industria musical independiente que cada vez logra ser un poco más competitiva en términos de producción, un momento interesante por la rapidez con que se están estrenando discos en el país, realizando pequeños festivales e incluyendo a bandas nuevas a festivales de mayor envergadura, así sea en términos de público y no de curaduría.

 

Dicho esto, Memorias es un disco que pudo ser pertinente en 1990, junto a cualquier disco de bajotierra, el pez o alguna de las bandas de rock famoso local, tanto su música como sus letras tienen el mismo sentimiento nostálgico por el medellín de los noventas, sus fórmulas tanto armónicas, estructurales (estrofa coro estrofa solo coro) se repiten hasta la saciedad, sin generar mucho interés en la letra, ya que sus frases no conducen a ningún lado.

 

El disco es una reinterpretación del Pobre y el último mamonazo de Mumford & Sons: una guitarra haciendo lo que en mis años de universitario llamábamos yan ya ra o abajo rasgueo, arriba dos veces, abajo dos veces, arriba abajo hasta el final. No tenemos problema con que se usen fórmulas convencionales y por demás comerciales en la música actual de la ciudad, lo que nos preocupa es que la fórmula no es aprehendida por dicho grupo, o variada; tampoco nos molesta que tomen referencias locales o extranjeras de su preferencia, es el asunto de no alcanzar a modificar ni una pizca dicha copia, pues crear himnos es difícil, sobre todo uno que todo el mundo coree.

 

Ahora bien, sobre este punto, es bastante incomodo tener tanto unísonos vocales en un disco, hace que pareciese la misma canción de principio a fin, incluso cuando cambian a la instrumentación acústica (pues como buen disco de rock debe tener una o dos baladas) se usa excesivamente de dicho recurso. Nos interesaría saber qué puede hacer esta banda sin hacer un pastiche de las bandas alternativas (famosas o radiables en esta ciudad) de los noventas, pasadas por una o dos referencias latinoamericanas (Zoe, Caifanes) y un par de bandas extranjeras (actuales en términos de consumo), a qué sonaría un filtro más investigado desde el punto de vista de la producción, pues hay muchas bandas locales que están explorando en esa escena alternativa latinoamericana que ha propuesto una sonoridad desconectada o perpendicular a la tradición, creando una nueva línea, pero siento o presiento que esta banda no es de melómanos consumidores de discos, de gente que arriesga la oreja un poco, más bien todo lo contrario, pareciera el ejercicio de una banda de colegio armada para participar en el tradicional coros y conjuntos.

 

Kaliman

 

Mula - P.oil

 

2018

Sello:Dur et Doux

 

Colombia es un bello país, tristemente gobernado por la misma clase política desde hace siglos, nuestro legado colonial no ha podido ser reemplazado o modificado por nuevas propuestas o como nombran algunos: “propuestas alternativas”, venimos siendo un país anclado en el sistema feudal, con ínfulas de no vernos como tercermundistas (sobre todo cuando miramos a nuestro vecinos en Latinoamérica), en resumen nos creemos los criollos de mejor familia, una papita criolla estrato 10. Dicho esto, es claro y entendible tener música que apele al discurso político y contestatario, algunas de estas agrupaciones apelan al clásico y ya conocido movimiento de la canción social o en la música urbana “el rap conciencia”, otras como es el caso de MULA, buscaron por años en las potencialidades políticas presentes en el sonido como eje transversal al ser humano (ya que todos los de esta clase escuchamos, así sea de manera completamente radical, la escucha es un acto que nos unifica) y desde esa perspectiva social, la cual establece una relación prosaica entre el cuerpo que escucha, el contexto que suena, los instrumentos que se tienen y la intencionalidad o provocación que se busca, crean una serie de composiciones que abordan el noise,, jazz progressive, punk, la música experimental, incluso las técnicas de la música electroacústica; todo esto bajo una premisa que saca su discurso de la zona en que viven: la descolonización. 

 

Esa vaina no se logra de la noche a la mañana, primero requiere de personas interesadas en el tema, investigadores de la interpretación más que intérpretes que repiten notas escritas en un papel, personajes que aborden la improvisación no como un estilo, sino como una herramienta de composición en tiempo real, sujetos que mantienen oreja abierta y sobre todo crítica a lo que suena en este platanal y en otros platanales, individuos que han escogido un camino sonoro sin límites de ego o gusto (que para este escritor, suelen ser lo mismo), un grupo de trabajadores incansables, que no se preocupan por la inmediatez en la respuesta sino en el proceso creativo y como este va arrojando con la paciencia que se requiere, pequeños gérmenes que mutan en la cultura. 

 

Disculpará el lector que me haya detenido tanto tiempo en describir lo que significa para este oyente Mula, pero es un ejercicio necesario. Pasando específicamente al disco o split que nos cita en este encuentro, tomaré distancia, una breve bocanada y analizaré la pieza con que comienza dicho surco. Gagaku es una pieza o canción que ahonda en varias herramientas musicales, todas ellas en su más alta interpretación y definición, una obra de dificultad virtuosa que representa lo más selecto del rock progresivo actual, el trío francés Poil, logra situar al escucha en una narrativa sonora que expande la idea de interpretación, performance y/o acción sonora, su poética (medios, maneras y formas). La pieza comienza con una introducción basada en un arpegio en la guitarra eléctrica, interpelado por una serie de acentos en compás de amalgama, las acentuación parecieran una discusión acalorada entre los instrumentos, ya que la tensión armónica va creciendo hasta que las hemiolas y acentuaciones amalgamadas ganan protagonismo, para unir esta sección con la siguiente, aparecen dos elementos nuevos, un drone que sugiere el canto difónico característico de algunas música javanesas, asiáticas y tibetanas; más un timbre percutido cercano a las campanas del gamelan (un elemento característico en mucha de la música francesa del siglo XX). Después del debido desarrollo, llegamos a un primer punto climático y diferenciador generado por fonemas (al no saber chino, japonés o francés, siento que son fonemas) que para este música (que hace las veces de crítico) se asemejan a jitanjáforas, las cuales cumplan el cometido de presentar el nuevo motivo sonoro, el cual es desarrollado por una serie de timbres muy cercanos a la música electroacústica, donde podríamos sentir un interés por como se comporta dicho timbre a nivel rítmico, más que textural o melódico. Llegando al minuto 6, comienza un crescendo a tutti, que estalla en el momento cumbre de performance: una serie de melodías largas, que bellamente acompañan la voz que retoma un texto que al no saber el idioma (y sin necesidad de saberlo) crea una imagen en movimiento, una secuencia audiovisual llega al oyente y genera el momento más tensionante de una disputa entre estos guerreros samurais del sonido, los cuales gradualmente y con la lentitud parsimoniosa que se requiere, van conduciendo todo a un final que tranquiliza al oyente, un al niente….y al más allá. 

 

Mi Rey se abre paso con un riff potente, cargado de densidad, que prepara el terreno para que por primera vez escuchemos la voz de uno de los fundadores de Mula, Santiago Botero a gritos invita a que nos arrodillemos ante el rey eterno (o en nuestro país, el presidente eterno, el innombrable) y la banda le responde, tal y como sucede en la procesión de viacrucis. Una canción que invita a saltar, poguear, gritar, volear mecha, una catarsis necesaria para todos los que nos sentimos inconformes sobre el cauce de los tiempos actuales; una acumulación de energía que trasciende el texto y nos muestra de nuevo que para esta agrupación no queda nada obvio, su interpretación ha logrado un nuevo nivel con esta canción, reformulando sus habilidades aprehendidas en el jazz progresivo, y el noise rock, un hit contundente que ojalá logre invitar a los oyentes desconocidos y enemigos del mundo a escuchar más allá de las referencias. 

 

Disculpe usted señora pareciera ser un drone, pero la verdad esto es poco para decir sobre lo que pasa en esta canción o pieza sonora, el ejercicio pareciera estar inspirado en la circulación circular que pueden hacer algunos instrumentos de aliento, en el caso de Mula, se trataría de los saxofones. Siento un tratamiento muy cercano a lo que pasa con la música ambient cuando es interpretada en vivo, pero sobre todo, percibo que la intención es tocar lento y para esto no hay mejor referente que el doom (póngale usted el apellido que quiera a este estilo). Para algunos aficionados a la música, tocar rápido es símbolo de gran virtuosismo, no podrían estar más equivocados, no se trata de tocar notas por segundo, es tocar las notas/sonidos precisos en los momentos justos ¿y quién o qué determina eso? Pues hombre, la música, el contexto de la misma, pues recuerden que la música no es una, son muchas y cada una obedece a la constitución de sus elementos, tal y como suceden al cocinar, el orden de los factores afecta completamente el producto. No podría decir mucho sobre esta bella pieza, solo que requiere del tiempo necesario para ser escuchada, tal y como hacer una buena sopa requiere su tiempo necesario. 

 

Por último es necesario resaltar que esta publicación es lograda por varios apoyos de cooperación, algunos de estos por dineros públicos ganados por convocatoria, otros por entidades privadas internacionales interesadas en generar puentes entre las culturas, esta es una de tantas estrategias que si se logran bien, permiten el libre desarrollo de la música, por fuera de los habituales festivales mainstream, venues, y carajadas disfrazadas de pensamiento “alternativo”, el oficio es otro jóvenes, y requiere de trabajo, interdisciplinariedad y riesgo investigativo. 

 

Kalimán. 

 

The drop ep

Gladkazuka

Sello: Cómeme

Año: 2019

 

¿Cuál es la diferencia sustancial entre un live electronic y un disco?, ¿dónde podemos establecer el punto limítrofe entre los materiales sonoro-musicales necesarios para armar ambos?, ¿qué tanto de la respuesta del público influye en la creación por el artista más si tenemos en cuenta que el disfrute de la música electrónica es un proceso mucho más subjetivo, mediado por el baile individual, la democracia que impone la pista de baile, unido al aspecto ritual del mismo, que ya grandes escritores como Reynolds han hecho notar? Estos son los interrogantes que me causa The Drop, la más reciente publicación de Gladkazuka aka Gregorio Gómez, fundador de Panorama, Series Media y actualmente The Desdemonas. 

 

Gregorio es un músico electrónico que tiene un oficio memorable, desde espacios underground y de nicho en su ciudad natal (Medellín) pasando por giras europeas, escenarios de fiestas, conciertos y festivales de mediano y gran alcance a nivel internacional; ha participado en diversos proyectos como productor (fantasma si se quiere), ha acompañado procesos de gestación, instrumentación y reproducción de la música electrónica en nuestro país; junto a José Santamaría, Daniel Gómez, Mauricio Ramírez y Alejandro Vélez creó el primer netlabel, Series Media, dedicado a la música electrónica, experimental y electroacústica en el ámbito nacional, el cual da cuenta no solo de la producción de los aquí mencionados, sino también de exponentes que actualmente están dando mucho de qué hablar, entre ellos Lucrecia Dalt. Series Media se volvió una plataforma de intercambio, cocreación y fiesta que inspiró varios procesos que actualmente existen, para bien o para mal es el punto de referencia en la electrónica nacional actual. 

 

Dicho esto, me remitiré a la experiencia de escuchar The drop, un disco para muchos esperado y anhelado no solo por conocer de cerca el trabajo de Gregorio, sino porque llevaba mucho tiempo realizando lives sin publicar un disco o ep de su completa autoría y producción. La primera impresión que me generó este disco fue la de una mímesis muy fuerte a nivel de influencias, esa que no te deja sentir más allá del referente, fue una pequeña lucha por no tratar de tararear a New Order, Soda Stereo, incluso Big Audio Dynamite, sumado al recuerdo de un espacio que fue casi de culto: el famoso Italodisco, espacio religioso (creo que más en Medellín, específicamente en el parque del Poblado y sus alrededores) inspirado en los alcances logrados en la escena de Manchester, retratados en la famosa 24 Hours Party People. The drop, en su primera escucha, pareciera ser un homenaje a esas noches, conversaciones y amigos de ese grupo. Luego de darle otras tres, cuatro, cinco hasta diez escuchas en diferentes situaciones y espacios comencé a notar detalles específicos que me hacían reflexionar en lo difícil que debe ser parar de tocar en vivo, respirar de dicho material y producirlo para el track

 

En esta dirección, hay ciertos elementos que no se pueden perder del panorama en términos de producción musical, sobre todo en este tipo de música que se encuentra en un punto intermedio entre la escucha casual, sensual, causal incluso y la pista de baile. El primero es la recurrencia entre varios tracks del disco al fade out, como fin de la canción, este recurso no siempre es el mejor amigo de una canción, más si es electrónica. Sugiere un poco de facilismo o que el autor no fue capaz de lograr una mejor terminación para su canción. 

 

Naturalia abre el disco con un ostinato entre batería electrónica. En el caso de Gladkazuka siempre vamos a encontrar un cuidado muy específico en los colores que usa en su set que buscan esa sonoridad particular de las máquinas de ritmo Tr de Roland, los sintetizadores Korg, Roland, Jupiter, una paleta tímbrica que remite a una época específica de nuestra historia electrónica. El referente se expone sonoramente, entonces, ¿por qué no abandonarlo a nivel musical?, ¿por qué no buscar hacer fills diferentes a los que usualmente tenemos en dichas drum machines?, ¿se debe ser tan ortodoxo con algo que ni siquiera uno llegó a vivir de primera mano?, ¿dónde queda el componente de Gladkazuka, más allá del ejercicio de estilo?  

 

En Flancing sentimos la cita a la secuencia de arpegiado de Blue Monday, casi como un cover u homenaje, las variaciones son melódicas o de glissando, brevemente aparece una sección B donde la secuencia armónica se distancia del referente antes mencionado, pero no se desarrolla esta idea, la cual podría hacer que el tema pierda su conexión puntual con dicha música de época. Hay una pequeña melodía que se toca en un pad, la cual está muy al fondo de toda la secuencia y sería interesante si se resaltara, pero este no es el caso, pareciera que el ejercicio consistió en disponer capas una encima de otra y no jugar un poco más con ellas. 

 

The Drop llega en la mitad del ep sugiriendo un poco de espacio de reflexión, bajando un poco el bpm en que venía la secuencia del disco, El discurso cae más en una introspección melódico-armónica donde la batería podría incluso desaparecer, pues su constante repetición no aporta mucho a la canción e incluso entorpece la conducción de voces entre bajo y tenor, en este caso representados por dos pads, los cuales luego dan pie a un par de campanas, cercanas a la sonoridad de la síntesis FM. Este tema podría ser la versión no beat del disco, pero Gómez prefirió dejar esto para el final.  

 

Al ser un disco que tiene su versión en vinilo su organización fue pensada de dicha manera, por eso El coral da inicio al lado b, un tema más trabajado, con más intensidad armónica, melodías cortas pero bien unidas al groove generado entre bajo, bombo y caja, en algunas ocasiones con intromisiones de fills, que son resaltados con reverbs, delays cortos y ecos, que resaltan su conocimiento adquirido con el live set. El coral logra una mejor dirección, momentos de tensión, silencio, pregunta, distensión, y logra cerrar sin necesidad de un fade out

 

Doblan es una canción ya conocida en el repertorio de Gladkazuka, su ambiente es bastante llamativo a nivel armónico, su construcción como canción le da una fuerza interesante al disco, aunque también no hace esperar más material donde se escuche la voz de su autor. Se sugiere tener más cuidado con la afinación de la voz, la cual no es muy precisa y es escondida con la reverb y el eco. De su versión no beat, no hay mucho que agregar, pues la verdad es eso: la canción sin beats. El texto pareciera remitir a un espacio más oscuro, tal vez la influencia del new wave en Latinoamérica, pero la figura retórica se hace pobre, lo que hace el texto casi que algo olvidable, y enfoca al escucha a las variaciones que presenta en el material básicamente en la parte rítmica de la pieza. 

 

Kalimán. 

Inversión interna de la tibia (EP)

Hermanos Menores

Independiente

2019

 

En tiempos postapocalípticos para los humanos ―pues la tierra sobrevivirá junto a los demás animales― los Hermanos Menores han descubierto la solución a todo: el ruido. Moneda de intercambio para algunos, sombrilla estética para otros, caballito de troya para tantos más. Palabra para articular, divulgar y conjugar en el oficio de gestor cultural. Ruido, ruido y más ruido sale de sus instrumentos. Un evento que ya venían anunciando desde su anterior publicación y el momento ha llegado: desligarse de cualquier tapujo, culpa o causalidad que hubieran tenido para lograr reducir todo a la mínima expresión sonora. 

 

Este EP, que tiene sus raíces en el metal, es tal vez un recordatorio que pusieron hace diez años en un celular Nokia 1100 y ha sonado hace un par de meses en su ensayadero de Rat Trap, donde decidieron grabar esta “tibia rota”. Todo un homenaje al ultrametal y sus distorsiones de mala calidad ―pues en la época no había para más― y no, como suelen mencionar algunos antropólogos, sociólogos o gestores culturales de Medellín, que “estaban haciendo música experimental”. Hay una diferencia sustancial en tener una intención sonora y los medios para lograrla. 

 

Los Hermanos Menores decidieron retomar ese sonido, pero no esa influencia, pues el sonido es un ente libre y ha habitado múltiples estadios de la creación. Si te sientas a conversar con ellos te das cuenta de que gran parte de la música que consumen es música de ahora, metal de hace un par de años, y establecen con sus discos una posición crítica sobre ese sonido. 

 

Las estrategias o metodologías para lograr que una serie de improvisaciones lleguen a temas calientes, emocionales y estridentes parten de reconfigurar el oído a la propuesta en cuestión: si se busca otra provocación en el público, la técnica, la estética y sobre todo los materiales deben ser otros. No se debe tocar la guitarra de la misma manera. En este EP se nota un abandono del delay, la melodía tonal o pentatónica, una sobrecarga de fuzz, overdrive y distorsión, además de duplicar los riffs  de guitarra con los platillos de la batería. Todo esto amplía el rango espectral no armónico, o sea, el ruido de los temas. El bajo pierde su plano grave y se presenta casi como otra guitarra más, siempre con distorsión, siempre con pajuela, pocas veces solo. Toda la textura sonora es más densa y cerrada para incluso no permitir que una voz gritada entre allí. Es un disco que anda en los tonos medios y altos, y que por su corta duración no se vuelve molesto ―segunda definición de ruido, lo que no queremos que suceda―, sino estridente y coherente. 

 

Kalimán aka José Gallardo A