Niño de Elche

Colombiana

Sony music

2019.

Para comenzar debo admitir que no tenía conocimiento sobre el trabajo de Niño de Elche hasta que me enteré que iba a trabajar con Eblis Álvarez, tal vez esta es la razón principal para acercarme a este disco y en segunda instancia para escribir la presente reseña crítica. El ejercicio de escucha fue repetido en varias instancias, situaciones, contextos diferentes, incluso intenté ponerlo completo en una fiesta casera (este último tuvo el peor de los resultados por el público de la reunión de treintones) todos y cada uno de los escenarios posibles, fueron usados para acercarme a este disco que me ha causado dificultad de percibir, luego de entender, luego de comprender (este último sería imposible, pues me tendría que enfrentar a un ejercicio de creación idéntico o muy parecido). 

Al pasar de las escuchas, fuí recopilando la poca información que encontré sobre este lanzamiento, la verdad no ha habido mucho interés en este material, seguramente porque los oídos de la industria musical solo tienen ojos (sí, ojos porque siento no escuchan mucho) para La Rosalía, un fenómeno que parece causar mucho revolcón, pero en mi modesta opinión un ejercicio que en sus bases creativas ya había sido explorado con mayor éxitos por predecesores como Rosario, Paco de Lucía, El Camarón de la Isla, Diego el Cigala, por mencionar a algunos de los grandes del género; la diferencia sustancial en cada uno de dichos trabajos creativos, es los materiales que intentaron cruzar, juntar, y re-crear, en el caso de La Rosalía, el eje central fue esa nueva palabra que políticamente define todo lo que no queremos ver: lo urbano. Rosalía a través de su productor, El Guincho unió temporalmente esa cultura circundante e invasiva llamada lo urbano, que en últimas, es el mejor invento de la industria para darle un lugar, aceptación y comercialización  a lo que deben ser los nichos socioculturales, ya lo dijo Tyler The Creator en la pasada entrega de los Grammys, música urbana es la nueva “N Word”

Entonces, dicho esto ¿qué hace difícil para este escucha/crítico realizar una reseña sobre este disco? La dificultad radica en que no se tienen los elementos necesarios para disfrutar desde la perspectiva del creador, en este caso del productor Eblis Álvarez y el cantaor Niño de Elche, y algunos dirán: hombre eso es imposible, pues la recepción es un proceso contrario a la creación, otros estétas dirán: vaya lea a Paul Ricoeur, él se lo resuelve, otros simplemente me van a decir: para qué meterse en ese problema si ese disco es raro y ya. Mi continua búsqueda desde la perspectiva de un escucha siempre ha sido la de ahondar en las cosas raras, y no es porque me crea raro, porque incluso me considero muy normal y corriente, sino más bien que me sale de manera natural, y ahí fue donde encontré el punto para conectarme con este disco. 

Colombiana es un diálogo entre dos tradiciones, donde como en toda conversación, no se está buscando primar una sobre otra, diría yo es más un diálogo a la manera que lo planteó Platón: un ejercicio donde se busca ahondar en todas las posibles hipótesis de una tesis. La tesis acá es como dos músicas tradicionales, generadas en costas diferentes del mundo, quitándole el elemento colonial de por medio, pueden ser interpretadas en nuestra actualidad. 

Para esto, se parte de la instrumentación natural con que cuenta cada uno de los creadores: el estudio Isaac Newton (laboratorio de creación musical/sonora de Eblis Álvarez), la voz del Niño, los textos, temáticas, estesis posibles en el contexto colombiano actual.  Este es un disco donde el flamenco siempre se va sentir presente en la voz, así el Niño diga ser un ex-flamenco, pero siento que eso no se puede abandonar, tendría el que volver a nacer y crecer en otro contexto diferente, para que su filogénesis derivase en otra dirección. Dicho esto, siempre vamos a sentir un canto desgarrador (incluso en las canciones alegres y bailables) contándonos una historia, y este gesto musical, llega a su punto climática más alto con la última canción Flor-Canto, donde la voz y tal vez el cello, hacen un juego de armónicos fundamentales y línea melódica reverberada, como en el canto llano, y en las músicas minimalistas que surgen en europa del este y han inspirado trabajos como el de Michael Pisaro, con su ciclo de canciones Tombstones. 

El disco tiene varios momentos emotivos o situacionales: la fiesta, la guerra, el enamoramiento, la tragedia; tal vez pensados para generar hilos conductores narrativos entre los materiales musicales, es decir, para poder juntar esta suerte de collage musical en una narrativa sonora que pueda ser amigable al público. Debo decir que es el trabajo más arriesgado de ambos creadores, y lo que me parece curioso es que simplemente (si esto fuera simple o fácil otros ya lo hubiera hecho) partieron de la tradición para interpretarla ahora, y eso hace que cada canción tenga una estructura reconocible al oído, por más que la tímbrica se extraña al mismo, o los ritmos sugieran lo contrario, no hay muchos trucos de producción en este disco, y ese tal vez sea su dificultad para que la generación de “escuchas en plataformas musicales” accedan a él. 

José Gallardo Arbeláez